Alguien tenía que poner en palabras lo evidente: estamos al borde de un problema serio.

Nada de lo que pasó hoy, en el fondo es bueno. Es una falacia creer que hemos asistido a una fiesta de la democracia.

Obviamente, a nadie se le ocurre negar que el derecho de manifestarse es inherente a la condición democrática. Sería anacrónico, obviamente.

Sin embargo, lo que hoy hemos visto, es que hace falta sólo un fósforo para que todo estalle en llamas en esta Argentina nuestra.

Seamos honestos, estamos a dos horas del “que se vayan todos”.

Cualquier estudiante de sociología podría describir certeramente el “caldo de cultivo”, sobre el que estamos asentados.

Somos incapaces de escucharnos. Somos incapaces de dialogar en serio. Somos incapaces de ejercer la autocrítica, para corregir los rumbos. Y lo peor, somos incapaces de exigirles a nuestros representantes que actúen a la altura de las circunstancias.

La Argentina debe ser probablemente el país líder en la forma de hacer política a través de las redes. Pero, seamos claros y serios.

Es irresponsable -de toda irresponsabilidad- que una dirigente de un sector importante como Patricia Bullrich convoque a una manifestación “Es un grito por la libertad y por la independencia de los poderes”.

También es de una irresponsabilidad supina la convocatoria que, por su lado, hicieron dirigentes del oficialismo como Juan Grabois en tanto que “van a movilizarse cuantas veces sea necesario» para cuidar al Presidente, como si alguna vez hubiera estado en peligro.

Es increíble que un Ministro de la Nación como Ginés González García, critique por redes sociales a un gobernador como Rodolfo Suárez.

Y lo es, que el mismísimo Presidente de todos los argentinos se sume a la crítica -también por twitter- claro.

Y así, con todos. Los de un lado y los del otro, ignorando por completo las normas de salubridad que todos suscribieron respecto de la distancia social; el barbijo y demás; en su afán de trascender y tomar alguna notoriedad.

Ahora bien, ya no se trata de quién tiene razón. No importan tanto las razones de los “aperturistas”, ni la de los “cuarentenistas”.

Lo que importa en serio, es la paz del pueblo argentino. Que no se rompa el contrato social, que bastante vapuleado viene ya.

Todos estamos hartos. De la pandemia, de la caída de la economía, de la política y, sobre todo; de los políticos.

Hay intereses creados detrás de cada movimiento que ocurre en nuestro país. ¿Alguien duda de esto? Intereses oscuros, que impulsan a unos contra otros.

Los políticos, de uno u otro bando, deberían quizás considerar las normas de los televisivos “cantando” o “bailando” y tratar ya, de mejorar su performance. Es evidente que corren el riesgo de quedar nominados.

Quizás sea hora que dejen de lado sus insignificantes mundillos propios que, por estas horas, están a años luz de trascender a la historia por su magnificencia. Más bien todo lo contrario. Pareciera que se empeñan en caer en el olvido como tantos otros que, por su inoperancia, fueron tristemente descartados por las páginas de gloria que la historia escribe, si alguna vez tuvimos.

Cualquier estudiante incipiente de ciencias políticas sabe que, si oficialistas no encuentran el rumbo, y opositores no ofrecen alternativas válidas; el resultado inmediato es el recambio.

Hoy, no fue una jornada democrática. Fue un llamado de atención.

Parece mentira que tengamos que ser los medios de comunicación, quienes llamemos a la calma, al diálogo y, sobre todo; a la no agresión contra el que piensa diferente.

Y es bien difícil, créannos, cuando los dirigentes entienden la realidad de un país a través de los 280 caracteres de una red social.

La llegada de fin de año, por razones que sería muy largo enumerar, siempre han sido críticas en nuestro país. Es una época en que afloran las emociones, los reclamos y los hartazgos.

Sobradas muestras tenemos de lo que ocurre cuando las clases política y dirigente ignoran los indicadores, las alarmas.

Y éstas, ya empezaron a sonar.

 

Por Redacción

(NdeR) La foto de portada corresponde a los disturbios de diciembre de 2013 en Argentina

 

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