Como en la película que da el nombre a esta nota, los espectadores creíamos que las posiciones encontradas era sólo dos, abrir o no abrir.

Ahora, a la luz de los acontecimientos, el panorama parece un poco más complejo.

Ya no se trata sólo de qué está primero, si economía (y supervivencia, claro) o salud (sin dudas, lo mismo) aunque vistos ambos tópicos, desde distintos puntos de vista.

Todo parece indicar que la política metió la cola de algún modo, en un tema que no sólo es nacional, sino de escala mundial.

En tanto que Suárez debe hacer frente, no sólo al habitual atropello nacional a fuerza de chequera respecto de las provincias; sino que, además, debe afrontar el frente interno que suponen empresarios, pymes, sindicatos y trabajadores comprovincianos.

Ante esta tremenda disyuntiva del gobierno de Mendoza, algunos mal pensados decían, horas atrás, que Rodolfo Suárez había jugado una ficha maestra, propia de grandes estrategas, consistente en liberar más actividades, permitir las reuniones familiares, eliminar el DNI tres días de la semana, etc., que fueron alegremente recibidas por sus comprovincianos, aun sospechando -o incluso sabiendo- que se venía un cierre nacional.

De esta forma, Suárez trasladaba el famoso costo político que supone aplicar nuevamente el regreso de fase y demás, con lo que la “culpa” de semejantes medidas, ya no sería del propio gobernador, sino de Alberto Fernández que, a todas luces, está muy lejos de nuestra realidad provinciana.

Estos mismo mal pensados adelantaban que, ante la catástrofe social que implicaba el anuncio de los cierres, el gobernador saldría cual Robin Hood a defender a los trabajadores, comerciantes, y empresarios mendocinos; capitalizando no ya el costo, pero sí la ganancia política de la situación.

Ahora bien, a ojo de buen cubero, la cosa no es tan simple.

Suárez y su equipo trataron por todos los medios que el Gobierno Nacional contemplara sus razones para mantener las “flexibilizaciones” tomadas en nuestro territorio.

Las comunicaciones con “Wado” De Pedro, ministro del Interior y principal interlocutor con los gobernadores, ardieron durante toda la semana. Evidentemente sin éxito. La Nación avanzó con su decisión de incluir en este DNU a ocho departamentos de Mendoza, y así, sin más, la norma fue anunciada anoche.

De hecho, a pesar de haber mantenido largas –y tensas- conversaciones con la Nación, nunca nadie le informó a la provincia el alcance del nuevo DNU. A tal punto, que Ginés González García aseguró hoy tras el anuncio de Suárez que “Es difícil entender la posición del gobernador Suarez“. Y lo hizo por Twitter, como si no existieran los teléfonos para hablar -de frente- asuntos de tamaña magnitud y, sobre todo, como si antes de hoy, no hubiesen hablado.

Olvidó Ginés que gente de su equipo venía dialogando fluidamente con el equipo de Ana María Nadal quien, incluso, agradeció algún acuerdo alcanzado, también en su propia red social.

Ante esto, no hay que ser experto en relaciones humanas para verificar que Ginés, prioriza la militancia, antes que la racionalidad.

Y en esto hay que darle la derecha a Suárez, hombre dialoguista, moderado, con un estilo político que se parece mucho al del mismísimo Alberto Fernández, quien insiste siempre en ponderar estas virtudes en sí mismo, cada vez que puede.

Y en este marco, muchos optimistas creyeron que esta condición jugaría a favor de Mendoza.

Después de todo, hasta no hace mucho la relación del mandatario mendocino con la presidencia era envidiada por muchos de sus pares.

Todos recordamos que, hasta ahora, Suárez siempre esperó hasta ver el Boletín Oficial tras los anuncios de los sucesivos DNU, para anunciar sus propias medidas.

Pero estas formas de buen proceder parecen haberse roto, ante la evidencia de un “avasallamiento” sobre la autonomía provincial y política de una gobernación de color diferente al nacional.

Mañana, Suárez viaja a Buenos Aires a reunirse con Fernández. Allí seguramente lo que todos sabemos. Que la economía mendocina no da más, que los comercios cierran, que se pierden empleos, y que la gente está harta. Un cóctel delicado –¡qué duda cabe! – pero que su interlocutor conoce muy bien por su parte.

Seguramente Fernández le enrostrará a Suárez que, también es delicado el hecho de que un gobernador decida desconocer o –si se prefiere- no acatar una norma nacional; que se constituye en un problema legal de proporciones inusitadas, muy cercanas a la rebelión institucional.

El único antecedente similar se remonta a las épocas de Felipe LLaver, cuando el ex-gobernador le plantó cara al mismísimo Raúl Alfonsín por el tema de las regalías y los cupos energéticos de los Nihuiles. Y en aquella ocasión, nos salió bien a los mendocinos. No quiere decir que la historia se repita.

Sin embargo, todos confiamos en que estos escollos se superen.

Y como todo hay que decirlo, Suárez encontró hoy sus propios problemas: no se habría sentido muy acompañado por su antecesor Alfredo Cornejo que, salió a echarle nafta al fuego (Ver nota), ya que, mientras el gobernador trata de conservar el diálogo pese a todo, a pesar de algunos altibajos y desinteligencias; por otro lado, el actual diputado nacional y ex gobernador sostiene una postura más combativa respecto del gobierno nacional.

Las razones de esta diferencia son obvias. Cornejo ya no necesita acordar temas sensibles tales como regalías, préstamos y demás detalles que hacen a la economía de Mendoza.

En este sentido hay que decir que la visión de conjunto de Rodolfo Suárez es bien diferente de la de su antecesor, Alfredo Cornejo; respecto de la relación que debe mantener la provincia con la nación.

Sobre la mesa de Suárez, las presiones de los intendentes, de la UCIM, de las diferentes Cámaras de Comercio y de turismo, de los sindicatos y hasta de sus propios allegados se suman a los trabajadores de la salud que, a gritos, exigen soluciones ante la saturación de trabajo y el eventual colapso del sistema sanitario.

Dificilísimo momento para la toma de decisiones.

Hoy, más allá de la política misma, el peso de la situación la sufrimos sólo unos pocos sectores de la población: los empresarios y comerciantes, los trabajadores, y los agentes de la salud. Poco más.

Tal como nos decían esta mañana, se trata de una miniserie en la que, si nos perdemos un capítulo, nos perdemos toda la trama.

 

Por Redacción