El 22 de mayo de 1810 fue martes. Algunos historiadores dicen que estaba nublado y hacía un poco de frío. Desde muy temprano fueron llegando los “cabildantes”, aunque la cita era a las 9 de la mañana.

De los 450 invitados sólo concurrieron 251. También estaba presente una “barra” entusiasta, mientras en la plaza, French, Beruti y los infernales esperaban las novedades.

La cosa se fue calentando hasta que empezaron los discursos, que duraron unas cuatro horas, sobre si el virrey debía seguir en su cargo o no.

Comenzó hablando el Obispo Lué diciendo que “mientras hubiera un español en América, los americanos le deberían obediencia”.

Le salió al cruce Juan José Castelli contestándole que “habiendo caducado el poder Real, la soberanía debía volver al pueblo que podía formar juntas de gobierno tanto en España como en América”.

El Fiscal de la Audiencia, Manuel Villota, explicó que había que consultar al resto del virreinato del Río de la Plata antes de tomar cualquier decisión, Juan José Paso tomó la voz del grupo revolucionario.

Dice muy bien el señor fiscal que debe ser consultada la voluntad general de los demás pueblos del virreinato; pero piénsese bien en el actual estado de peligros a que por su situación local se ve envuelta esta capital. Buenos Aires necesita con mucha urgencia ponerse a cubierto de los peligros que la amenazan, por el poder de la Francia y el triste estado de la Península. Para ello una de las primeras medidas debe ser la formación de una Junta provisoria de gobierno a nombre del señor don Fernando VII y que ella proceda a invitar a los demás pueblos del virreinato a que concurran por sus representantes a la formación del gobierno permanente” dijo Paso, y pidió la inmediata dimisión del virrey Cisneros.

Casi todos aprobaban la destitución del virrey, pero no se ponían de acuerdo en quien debía asumir el poder y por qué medios.

Castelli propuso que fuera el pueblo a través del voto quien eligiese una junta de gobierno; mientras que el jefe de los Patricios, Cornelio Saavedra, era partidario de que el nuevo gobierno fuera organizado directamente por el Cabildo.

El problema radicaba en que los miembros del Cabildo, muchos de ellos españoles, seguían apoyando al virrey.

Las palabras de Juan José Paso al fiscal Villota resultaron decisivas entre las opciones que votaron, el 22 de mayo, los grupos criollos que; finalmente, lograrían formar un primer gobierno patrio.

Fuente: Redacción, sobre textos de Felipe Pigna