Ante una situación inocultable, Mark Meadows, el jefe de gabinete de Trump dijo anoche que Estados Unidos “no va a controlar la pandemia” y debe centrarse en “factores de mitigación, como tratamientos efectivos, mientras espera una vacuna; en línea con los deseos del mandatario de dar vuelta de página y hacer foco en otros temas, según consigna CNN.

Desde el domingo pasado hasta ayer, Estados Unidos registró su mayor promedio de casos diarios en una semana, con 68.767, superando el 67.293 reportado el 22 de julio, según la base de datos de la Universidad Johns Hopkins (JHU).

Los días con más casos fueron el viernes y el sábado pasados, con más de 83.000, un récord absoluto desde el inicio del brote nacional.

Los temores por la evolución de la crisis sanitaria en algunos estados, coinciden con la última semana antes de las elecciones y con los esfuerzos de Trump de hablar de cualquier otra cosa, temeroso de pasar a la historia como el primer presidente de un solo mandato en 40 años si los comicios se convierten en un referendo sobre su manejo del coronavirus.

Su rival demócrata, Joe Biden, busca que el foco está puesto precisamente en eso, para poder criticar a Trump por la gestión de la pandemia y presentarse como una opción más segura y estable.

Fue una constatación honesta de la estrategia del presidente Trump desde el inicio de la crisis: agitar la bandera blanca de la derrota y esperar que, si se lo ignora, el virus se irá. No lo ha hecho y no lo hará”, dijo Biden, meses después de que el mandatario dijera que estaba “en guerra” contra el virus y que era “un presidente de tiempos de guerra”.

En tanto, los datos publicados hoy mostraron que Estados Unidos tuvo una media de más de 68.700 casos diarios de coronavirus la semana pasada, la mayor desde el inicio de la pandemia, con dos días de récords absolutos de más de 83.000 y los contagios en alza en por lo menos unos 35 de los 50 estados del país.