Esta que terminó, fue la semana en que quedó en evidencia que aparecieron las diferencias políticas, por encima de los problemas acuciantes de los argentinos.

Cuando el país enfrenta la mayor crisis de la historia por la conjugación de un problema sanitario con el económico, y en un principio pareció haber consenso entre los diferentes colores para enfrentar por lo menos uno, el sanitario; a estas horas pareciera que ya, ni eso.

Según todos los analistas cayó muy bien al principio que el Presidente realizara los diversos anuncios sobre la cuestión sanitaria de la mano de quien se convirtió en el principal referente de la oposición, Horacio Rodríguez Larreta, y de uno de los hombres fuertes de su propio frente interno, el gobernador Axel Kicillof.

Fernández ofició de mediador, del hombre «dialoguista» que supo superar las diferencias políticas, en pos de un objetivo mayor: la salud de los argentinos.

Esta pequeña alianza incluso se trasladó a los gobernadores, que estuvieron a la altura de las circunstancias y se sumaron a la búsqueda del diálogo -algunos en mayor y otros en menor medida – pero juntos para encontrar, entre todos; un manejo ordenado de la crisis sanitaria que nos invade.

Pero todo esto fue hace siglos, en términos de los tiempos dinámicos de nuestra Argentina.

Ayer, con el anuncio de la nueva extensión de la cuarentena -que al gobierno le gusta llamar eufemísticamente «distanciamiento«- se notó claramente que «se nos acabó el amor«.

Aparentemente, ya vamos por carriles diferentes: Terció la Reforma Judicial.

Este hecho, que pareciera menor si lo comparamos con el creciente aluvión de casos y muertos en lo sanitario, y de quiebras, pérdidas de empleo y desesperación desde lo económico; en el barómetro de la «alta política» argentina, pasó a ser el punto de quiebre.

El anuncio de la nueva (y van..!.) cuarentena, mostró que ya no estaban tan juntos Fernández, Larreta y Kicillof.

Las diferencias de criterios aparentemente son insalvables. Larreta no comparte el criterio de Nación. Y tampoco con Kicillof. Éste a su vez, culpa a Larreta por las diferencias de casos que tiene su provincia respecto de la Ciudad de Buenos Aires. Y Fernández, además de que no logró mantener la unidad; ahora se enfrenta con el espacio político donde abreva Kicillof: Cristina Kirchner.

Y aunque no les guste reconocerlo, la famosa Reforma Judicial, que no sólo reaviva las diferencias entre Fernández y la oposición que representa Larreta, también reabrió las diferencias con el kirchnerismo puro y duro; que intentaron «caminarlo» con el proyecto. Sin embargo, el presidente se dio cuenta.

Los gobernadores, si bien se muestran -y actúan- respetuosamente respecto de las decisiones de la Nación en términos de manejo de la pandemia, ya hacen cada vez más notorias las diferencias conceptuales.

Y en términos económicos, la cosa no va mejor.

El caso, es que en el medio quedamos todos. 

Los que no vivimos de un sueldo del Estado (que no, no es cierto que el Estado somos todos...) y tenemos que salir a ganarnos la diaria como podamos. Algunos con alguna ayuda del gobierno, sí; pero que no alcanza.

Los que tenemos un emprendimiento, un comercio, una empresa, o una pyme y que evaluamos -si es que no lo hicimos ya- cerrar todo, porque no da para más. Aún con el ATP tan promocionado.

Todo esto, mientras tratamos de resolver cómo vamos a vivir.

El escenario que comenzaron a dar los políticos en la nación, y que pronto comenzaremos a ver también en las provincias; no es el que esperamos.

Una cosa está clara: siempre es más fácil vivir aislados, si tenemos la heladera llena.

Ojalá se revierta, esperamos. No sólo las crisis sanitaria y la económica. Sino también la altura moral de los que ejercen de políticos que, ahora que tenemos tiempo de pensar; no dieron grandes muestras de solidaridad con los que tenemos vivir en este marco.

Al final, el recorte de sueldos, les duró muy poco. Y algunos -la mayoría- ni amagaron.

Mientras todo ocurre, y los dirigentes juegan a la chicana política, nosotros, los que esperamos; encima tenemos miedo de contagiarnos, que nos agravemos; y que no consigamos un lugarcito en alguna terapia intensiva.

Ojalá los que, con sus decisiones, influyen en nuestras vidas logren despejar la nube de (Ponga el lector aquí lo que considere) en la que viven.

En todos los órdenes del Estado.

 

 

 

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