El dolor dio paso a la ira después de que más de 154 personas murieron y decenas más permanecen desaparecidas, en tanto se contabilizan más de 5.000 personas heridas.

Manifestantes libaneses irrumpieron en varios ministerios del gobierno durante las protestas violentas que se apoderaron de Beirut el sábado por la noche.

El Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ministerio de Medio Ambiente y el Ministerio de Economía fueron ocupados por manifestantes enojados que pidieron la caída de la élite gobernante del Líbano cinco días después de que una explosión arrasara la capital libanesa causando una destrucción masiva.

La Asociación Bancaria, a la que los manifestantes culpan por el empeoramiento de la crisis bancaria del país, también fue tomada por los manifestantes e incendiada.

Horas después de que las primeras protestas sacudieran a Beirut, el primer ministro de Líbano, Hassan Diab, prometió celebrar elecciones anticipadas, ya que su asediado gobierno enfrenta llamados a renunciar.

Diab dijo que introduciría una ley que convocaría elecciones anticipadas y aseguró que permanecería en el gobierno durante dos meses hasta que los principales partidos puedan llegar a un acuerdo.

La policía lanzó gases lacrimógenos y balas de goma mientras los manifestantes lanzaban piedras y fuegos artificiales a las fuerzas de seguridad. Partes del distrito central fueron incendiadas y cuando los manifestantes se apoderaron de la Cancillería, la primera en una sucesión de tomas populares, la declararon «sede de la revolución».

Los manifestantes escalan las paredes que sellan la plaza del parlamento en Beirut.

Decenas de miles de manifestantes acudieron a la Plaza de los Mártires de Beirut el sábado por la tarde pidiendo «venganza» contra la clase gobernante de políticos considerados responsables de la explosión que arrasó gran parte de la capital del Líbano.

El aire estaba cargado de gases lacrimógenos cuando la gente llenó el sitio principal de la protesta, y las manifestaciones se extendieron a los vecindarios circundantes y la autopista principal de la ciudad, en las mayores protestas desde un levantamiento nacional en octubre pasado.

La embajada de Estados Unidos en Beirut expresó su apoyo a los manifestantes pacíficos. «El pueblo libanés ha sufrido demasiado y merece tener líderes que lo escuchen y cambien de rumbo para responder a las demandas populares de transparencia y responsabilidad», tuiteó la embajada el sábado por la noche. «Los apoyamos en su derecho a protestar pacíficamente y alentamos a todos los involucrados a que se abstengan de la violencia».

Un miembro de las fuerzas de seguridad libanesas murió. Más de 200 personas han resultado heridas en las protestas, incluidas 63 que fueron trasladadas a hospitales, según la Cruz Roja Libanesa. Varios periodistas se encuentran entre los heridos.

La respuesta de las fuerzas de seguridad no pareció dispersar a muchos de los manifestantes enojados.

Los que protestaban levantaron horcas simuladas en lo que se denominó protestas del «Día del Juicio Final», ya que el dolor dio paso a la ira después de que más de 154 personas murieron y decenas más permanecen desaparecidas. Más de 5.000 personas resultaron heridas.

Las efigies de prominentes líderes políticos, incluido el ex primer ministro Saad Hariri y el jefe de Hezbollah, Hassan Nasrallah, fueron colgadas de lazos, en algunas de las señales más explícitas de indignación pública que el país ha visto en años.

Los manifestantes sostenían carteles que decían: «Aquí es donde se deben colgar las sogas». La horca simulada se ha convertido en un símbolo clave de las manifestaciones, que exigen que los responsables de la explosión del martes rindan cuentas, así como contra la corrupción y la mala gestión del país.

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