“Gustavo sufrió una descompensación por una suba de presión debido a estrés y agotamiento, de la que se está recuperando favorablemente”. Así comenzaba el comunicado que indicaba el principio del final del gran Gustavo Cerati, en Caracas, Venezuela.

Por aquellos días el músico se encontraba en plena difusión de Fuerza natural, que había sido lanzado en septiembre de 2009. Tal como él mismo definió en una entrevista con el diario Clarín cuando salió al mercado, se trató de un disco “de viaje, de carretera”.

Más solitario que Ahí vamos, más celebratorio y asimismo con una alta dosis de alarma ante los fenómenos naturales. Se iba a llamar Viento, al final quedó Fuerza natural. No tiene un mensaje ecológico, pero habla justamente de las fuerzas naturales internas y externas, las invisibles y las cotidianas”, explicó entonces.

La primera de las presentaciones tuvo lugar en Monterrey, México, el 19 de noviembre de 2009. Luego pasó por Guadalajara y la Ciudad de México, donde brindó dos shows en el Auditorio Nacional. Tras presentarse en Córdoba, en Montevideo y en Santiago de Chile, el artista cerró el año con un concierto en la Argentina, en el Club Ciudad de Buenos Aires el 19 de diciembre.

EL recital de aquella noche, comenzó con la canción que le daba nombre a su último disco. Además de los temas de Fuerza natural, el cantante intercaló composiciones de sus trabajos anteriores como solista e incluyó canciones de Soda Stereo. Tal como coincidieron las crónicas periodísticas de entonces, el estadio “se rindió a sus pies”.

El argentino convirtió en un lugar íntimo el escenario de la Simón Bolívar para entonar Cactus y Perdonar es divino. Una plaza que le fue cómplice al regalarle una espesa neblina”, describió el diario venezolano.

Al terminar el show de aquella noche, y a la hora de las fotos que solían tomarse, el sonidista le preguntó al músico si se sentía bien. “Gustavo abrió la boca para contestarle, pero no acertó a decirle nada. Fue como si los músculos de su mandíbula no encontraran las palabras. Entonces la cámara disparó su flash y todo el equipo quedó registrado en la última foto de la gira. A su alrededor el grupo se empezó a dispersar y Gustavo caminó confundido hacia su camarín”, escribió el periodista Juan Morris en su libro Cerati: la biografía definitiva (Sudamericana, 2015),.

A partir de entonces, empezó una odisea. A los pocos minutos el asistente personal del músico y el propio sonidista Adrián Taverna lo encontraron tirado en un sillón con la camisa desabrochada y la boca entreabierta. Estaba descompensado.

En una primera instancia, convocaron a los paramédicos que todavía se encontraban en la zona tras el concierto: desde ahí podía oírse el bullicio de la gente que se empezaba a retirar del estadio enfervorizada. Decidieron entonces que hubiera la menor cantidad de gente rodeando el lugar para evitar que aquella descompensación se filtrara en los medios.

n una primera instancia, convocaron a los paramédicos que todavía se encontraban en la zona tras el concierto: desde ahí podía oírse el bullicio de la gente que se empezaba a retirar del estadio enfervorizada. Decidieron entonces que hubiera la menor cantidad de gente rodeando el lugar para evitar que aquella descompensación se filtrara en los medios.

Horas más tarde llegaría el comunicado oficial y un montón de especulaciones. En los medios se recordó que el músico había sufrido en 2006 una trombosis que lo obligó a reprogramar recitales de la gira para la presentación de Ahí vamos y a guardar reposo estricto.

Con los días, se habló con más rigor de lo que había ocurrido: un accidente cerebrovascular que requería de una intervención que finalmente tuvo lugar en Venezuela.

El músico estuvo internado en cuidados intensivos hasta que por decisión familiar fue trasladado a la Argentina en un avión sanitario el 7 de junio. Comenzaba así otra parte dolorosa de la historia de un artista único que luego de pasar cuatro años internado murió el 4 de septiembre de 2014.

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