La Casa Rosada, el Ministerio de Economía y la AFIP preparan una reforma impositiva cuyos alcances todavía no fueron definidos.

No va a afectar a los trabajadores”, dicen fuentes oficiales. El Gobierno quiere darle algo de oxígeno a la clase media. Los sectores más vulnerables fueron alcanzados por el IFE y otras medidas durante estos meses. La reconversión de esos subsidios es todavía una incógnita en la etapa que viene. La presentación del impuesto a las grandes fortunas, el viernes a última hora, defendido con énfasis por el kirchnerismo, es otra señal de la etapa que se avecina.

La renegociación de la deuda, cuyo acuerdo preliminar con los principales bonistas de los primeros días de agosto no fue capitalizado por el Gobierno, según los propios funcionarios, era el punto de partida que el Presidente esperaba para relanzar su gestión, atravesada por ahora por la crisis sanitaria, el frente interno y los constantes chispazos con la oposición y un sector importante del círculo presidencial.

El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, tiene en su despacho una carpeta con el detalle de las famosas “60 medidas de recuperación” de la actividad económica que el Presidente planea empezar a publicitar esta semana para mostrar un quiebre en la agenda pública y tratar de ahuyentar los fantasmas por la ausencia de un programa de reactivación productiva.

Apunta, en buena medida, a alentar el consumo interno. “Mucho estímulo a eso”, explicaron colaboradores presidenciales a Infobae.

Ayer, todavía se analizaba en Olivos el formato de los anuncios, bajo una sola premisa: mostrar gestión y empezar a dejar atrás, de a poco, la crisis sanitaria, a pesar de que los contagios no dan tregua y que el interior del país se plagó de brotes.

“La pandemia existe y va a seguir existiendo. Pero al menos tratamos de cambiar la agenda”, dicen en Casa Rosada.