A los que les decimos “Usted no sabe quién soy yo…”

Y que debe ser la frase que más escuchan a lo largo de sus carreras. Porque somos argentinos. Y a un argentino, no se le puede decir lo que tiene que hacer. Entonces, nos enojamos cuando nos piden aquello que –bien sabemos- debemos presentar. O nos paran cuando vamos apurados y que a veces, solo verlos nos tranquiliza. Otras, nos preocupa. Pero nunca nos pasan desapercibidos.

Estos tipos siempre están ahí y, parece mentira, no siempre nos alegran la vista, porque inconscientemente quizás los asociamos con los problemas.

Sin embargo, a fuerza de ser honestos, también son los primeros a los que recurrimos cuando nosotros tenemos el problema. Por lo menos, lo hacemos los que somos gente de bien, los que trabajamos, estudiamos, y cuidamos a nuestros hijos y nietos.

Es que el tema del uniforme, en este país, es todo un tema.

Acá, en Argentina, donde nos jactamos de hacer lo que nos parece y siempre sabemos más que el otro, no nos resulta fácil aceptar la figura de la autoridad. Entonces, como todos somos doctores y letrados (aunque no tengamos ni el primario); los llamamos ignorantes, coimeros, vagos, y algunas otras cosas que no podemos reproducir. Seamos honestos.

Ahora que las papas queman, junto a médicos, enfermeros, choferes, laboratoristas, técnicos y asistentes de la sanidad -héroes de la coyuntura, quien lo duda- están en la primera línea de combate; mientras el resto estamos en casa aburridos, sin saber qué hacer con los niños, o ideando algún plan para saltar la cuarentena.

Los tipos están ahí, a ver si queda claro.

Cuidando que los que tienen que trabajar, puedan hacerlo sin inconvenientes. Vigilando que los vivos de toda la vida, respeten la ley y la salud de todos. Garantizando que las cosas –dentro de este lío monumental e histórico- funcionen. O armando hospitales de campaña y preparando todo por si se complica.

Están ahí. Con turnos de 24 hs en algunos casos. Separados de su familia en casi todos.

Dirán que también están así los recolectores de residuos, los colectiveros, y algunos más.

Y sí, también los reconocemos y respetamos por el esfuerzo. Pero a éstos, no los maltratamos tanto en condiciones normales.

Y esta nota trata sobre los de uniforme. Azules, verdes, a rayas o como sean.

Si pasan por tu casa, los ves en las esquinas o simplemente te los encontrás; ofreceles un vaso de agua fresca, llenales el termo o convidales un café y una galletita.

Tené presente que están ahí por vos y tu familia.

Es de bien nacido, ser agradecido.

 

 

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