A las 14.55 del lunes 24 de junio de 1935, el trimotor Ford F-31 de la compañía SACO (Servicio Aéreo Colombiano) iniciaba su carreteo por la pista del aeropuerto Olaya Herrera, con rumbo a la ciudad de Cali.

Había llegado a Medellín desde Bogotá para una escala de reaprovisionamiento, cambio de piloto (Ernesto Samper Mendoza, dueño de la empresa, tomó el mando de la nave) y para subir a la comitiva artística de visita en Colombia: Carlos Gardel; los guitarristas Angel Riverol, Guillermo Barbieri y José María Aguilar; Alfredo Le Pera, los empresarios Celedonio Palacios y Henry Swartz, el maestro de inglés José Plaja, el agente de prensa Alfonso Azzaff y el técnico de sonido José Corpas Moreno. En la cabina de mandos viajaban Samper Mendoza y el radiotelegrafista Wyllis Foster y en la última fila, parado, el jefe de tráfico Grant Yentman Flynn. “Me voy a tapar los oídos, este ruido me aturde”, fue la frase final del ídolo, según relata Norberto Chab en su libro “100 anécdotas desconocidas sobre Gardel”.

El F31 recorrió 500 metros de la pista, de norte a sur, y empezó a levantar vuelo. De pronto, por acción del viento, o porque se dañó un motor o por la falta de pericia del piloto, se desvió hacia la derecha, perdió sustentación e impactó contra otra nave similar de la empresa Sociedad Colombo Alemana de Transporte Aéreo (la competencia de SACO) que esperaba, perpendicular a la pista, su turno de despegue. Como ambos aviones tenían sus tanques de combustible a pleno, se desató un enorme incendio.
En total hubo 17 muertos: los siete ocupantes de la otra nave y diez de F31 de SACO. Solo sobrevivieron el guitarrista José María Aguilar, el profesor José Plaja y Grant Flynt, funcionario de la Saco.

El acta oficial del accidente dice que “Gardel fue hallado boca abajo y pisado por las válvulas de uno de los motores. Tiene una cadena de oro sin reloj, como especie de pulsera en una muñeca. Colgada de la ropa una cadena con unas llaves y una chapita que tiene una leyenda con su nombre. Junto al cantante y quemadas en los bordes se encontraron las partituras originales de ‘Cuesta abajo’”. Toda una ironía del destino.

Gardel había conocido las luces neoyorquinas en 1933, cuando llegó consagrado en Europa y con la enorme posibilidad de agigantar su carrera en la música y también en el cine. En Nueva York grabó muchos de sus grandes éxitos: ”Cuesta abajo”, “Volver”, “Mi Buenos Aires querido” “El día que me quieras”, “Por una cabeza”… Vivió en un departamento frente al Central Park y en 1936 pensaba cruzar el país hasta Hollywood para hacerse fuerte en la pantalla grande, proyectos que quedaron truncos en Medellín.
Era tal la idolatría en esta ciudad que los restos de Gardel fueron velados en una casa funeraria durante más de una semana, antes de volver a ser embarcado en el vapor Pan American. El 17 de enero comenzó la última etapa del viaje -unos 11 mil kilómetros, con escalas en Rio de Janeiro y Montevideo- hacia Buenos Aires. El 6 de febrero, al mediodía, después de 51 días y casi 18.000 kilómetros, el Morocho del Abasto fue recibido en el puerto por unos 40 mil admiradores. Porque, como dice la letra de “Volver”, compuesto por el propio Carlitos, “siempre se vuelve al primer amor”.