Hoy cada maestra y maestro argentino merece un abrazo virtual –dadas las circunstancias- como reconocimiento a una de las profesiones más nobles que existen.

El 11 de septiembre se celebra el Día del Maestro en homenaje a Domingo Faustino Sarmiento, conocido como «el padre del aula«, en conmemoración a la fecha del aniversario de su muerte.

Él desempeñó los cargos de político, filósofo, pedagogo, escritor, docente, periodista, estadista y militar argentino, gobernador de San Juan y presidente de la Nación Argentina.

En 1943, pesé a que se celebró la Primera Conferencia de Ministros y Directores de Educación de las Repúblicas Americanas, celebrada en Panamá, fue en 1945 que se adoptó en la Argentina, por decreto del entonces presidente argentino, Edelmiro Farrell el 11 de septiembre como Día del Maestro para todo el continente americano en honor al fallecimiento de Sarmiento, pero también en reconocimiento a la importancia que implica el trabajo y disposición de todos los maestros que día a día realizan su trabajo en las escuelas.

Algunos de los pasajes de la Resolución Oficial de aquella Conferencia indican la importancia de la actividad docente, ya que se trata de “una actividad fundamental de la escuela la educación de los sentimientos”, por cuyo motivo no debe olvidarse que entre ellos figura en primer plano la gratitud y la devoción debidas al maestro de la escuela primaria.

En estos tiempos difíciles vaya nuestro reconocimiento a estos héroes y heroínas de nuestra Patria que han tenido que reinventarse una vez más a fuerza de vocación y amor sin subas de salarios y que, curiosamente, no están declarados “personal esencial”.

 

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