Resulta significativa una entrevista realizada por colegas sureños, en el marco de la discusión que ocupa las portadas de los medios de comunicación argentinos respecto de la “desigualdad entre Ciudad de Buenos Aires y la mayor provincia argentina”.

Esa comparación casi es un insulto, depende de cómo se mire, si se consideran las realidades “paralelas” que se viven en lo que los “porteños” llaman “el interior del país“.

FM Vos (Diario San Rafael) dialogó con Eduardo Ledesma, un docente maipucino que hace más de 13 años educa a los alumnos de la escuela albergue 4-200 “Alberto Eraso”, de Ranquil Norte, Malargüe.

Según cuentan los colegas, normalmente, a esa institución educativa de nivel secundario con modalidad agro-ambiente, concurren 95 alumnos, de los cuales 68 quedan albergados, teniendo dos semanas de clases por dos de franco.

Y citamos:

Muchos de esos estudiantes llegan a la escuela desde puestos que están en diversos parajes malargüinos y neuquinos, algunos muy perdidos en la montaña. “Somos todos argentinos, así que es muy lindo trabajar con chicos de Mendoza y de Neuquén y no ver diferencias o rivalidades; es muy hermoso trabajar así”, les contó Ledesma.

“Al principio se comenzó a trabajar desde la virtualidad, pero no todos tenían la posibilidad de conectarse así que se trabajó en cartillas: una vez al mes, un preceptor lleva las cartillas con bolsones de mercadería a cada puesto; al mes siguiente, se reciben las cartillas con las actividades resueltas por parte de los chicos. No obstante, la virtualidad sigue abierta, más allá de que –lamentó– los chicos a veces tienen internet porque se suben a algún cerro. “

Ahora bien, la interesante entrevista que profundiza luego en otros aspectos particulares, genera el pie para visualizar por un momento en cómo es educar en una escuela alejada de las virtudes y de las miserias de las grandes ciudades. Incluída nuestra Mendoza, una urbe cada vez más macrocéfala.

En definitiva, una situación que –inevitablemente- se replica en términos de educación, en cada docente, estudiante y escuela rural o periférica de la provincia, y de todo el país.

Como ocurre en casi todas las profesiones de servicio público, la realidad sólo es conocida en profundidad por quienes la viven.  Los demás, la vemos fragmentada.

Lo cierto es que, aunque se han hecho esfuerzos por acercar el “modo virtual” a los niños y adolescentes en situación desventajosa; la verdad, es que no alcanza, porque éste es un problema estructural que décadas de gobiernos de todos los colores no han logrado dilucidar.

En el fondo, se trata de carencias profundas. No tan sólo de una señal de internet, o de una clase virtual.

Lucía (Foto de Los Andes)

Quizás, sea hora de ir repensando el país que queremos para que casos como el de Lucía, la estudiante de El Challao (muy cerca de la “gran Mendoza”) que quiere ser escritora a pesar de ser pobre –de toda pobreza- tomara relevancia nacional por su tesón y ganas de ser algo más, por ejemplo.

Porque ella, como otros 37.000 niños y adolescentes mendocinos que carecen de acceso a internet, representa que estamos lejos -muy lejos- de entender la “verdadera” realidad de nuestros jóvenes más desfavorecidos.

Y que además alguien se diese cuenta que los pobres de las áreas urbanas, y los pobres de la ruralidad; tiene un único facto común: el ser pobres.

Y ésta, no otra, es la verdadera desigualdad. La que está muy lejos de los fotógrafos oficiales que suelen acompañar las entregas de material a algunas escuelas o algún rejunte de teléfonos viejos para sumar ayuda.

Proliferan los defensores de “la inclusión”, no obstante. Y las “desigualdades”.

Desde la invención de un nuevo lenguaje, hasta puestos “inclusivos” en las estructuras del estado. Desde el reparto de la coparticipación, hasta la “opulencia” de la ciudad de Rodríguez Larreta.

Sin embargo, pareciera que hemos perdido de vista que, la inclusión, debería ser resolver aquello que de verdad importa. 

Hemos perdido los valores. Y éste es el punto.

Ayer, 11 fue el día del Maestro Argentino. Y en esta Argentina nuestra, ¿Qué duda cabe del heroísmo de estos profesionales que, a pesar de todo, cada día deben reinventarse para que “sus chicos” puedan aprender algo?

Sin embargo, los docentes están a la cola de la atención de los gobiernos.

Y los niños y jóvenes que cometieron el error de nacer en “condiciones socioeconómicas desventajosas”, al final de la lista de prioridades.

En el país de los eufemismos, mientras discutimos las estupideces de la política, corremos el riesgo de seguir perdiendo generaciones enteras de futuros argentinos de bien y, sobre todo, de argentinos educados para el futuro.

¿Subir a un cerro para tener internet?. ¿Para hacer la tarea?

Por favor, seamos serios.

 

 

Por Redacción, con contenido parcial de Diario san Rafael y Foto de portada de Mendovoz.

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