Se convirtió en la verguenza de la clase política catamarqueña y en el caso emblemático de los noventa.

María Soledad Morales murió asesinada por los “hijos del poder”.

Su mamá Ada Morales, contó que “Aunque hayan pasado los años para mí sigue siendo ayer. Y cada tanto vuelve a mi mente aquella noche trágica. Cuando llena de sueños se subió a la camioneta con mi esposo y desde la cabina, se despidió diciéndome ’Chau ma, nos vemos mañana’”,  confió entre lágrimas alguna vez cuando aún vivía su esposo, Elías.

Él nunca quiso decírmelo para que no sufriera más. Pero yo sé que esa imagen lo fue matando de a poco”, dijo Ada. Prefirió llevar a la tumba el recuerdo de cómo había encontrado a su hija cuando apareció su cuerpo.

Mientras, los entonces condenados Guillermo Luque y Luis Tula purgaron sus penas y caminan libres.

Ada Morales hoy. No pasa un solo día sin recordar a su hija: “Cuando veo a sus compañeras ya profesionales y rodeadas de hijos, veo los sueños truncos de mi hija que de vivir me hubiese dado nietos y sería maestra jardinera”, dice

En 1990, María Soledad Morales tenía 17 años. Su papá la llevó a la puerta del boliche Le Feu Rouge, donde -junto a sus compañeros- organizaban una fiesta para recaudar fondos para el viaje de egresados. En algún momento desapareció.

La buscaron desesperadamente hasta que -el 10 de septiembre- hallaron su cuerpo en un zanjón al costado de la ruta provincial 38, muy cerca de los puentes que cruzan el Río del Valle, a unas 10 cuadras de su casa, en Catamarca.

El crimen conmocionó tanto a la provincia que las “marchas del silencio”, organizadas por sus compañeras del colegio del Carmen y San José, se expandieron por todo el país.

Dos juicios después y con la mirada puesta en “los hijos del poder“, condenaron en 1998 a Guillermo Luque, hijo del entonces diputado nacional Ángel Luque, por la violación y homicidio de María Soledad. Le dieron 21 años de pena. Luis Raúl Tula, en cambio, fue considerado como partícipe secundario del crimen y le aplicaron 9 años de pena, aunque sólo cumplió la mitad tras las rejas. Los dos están libres.

El 17 de abril del 2006, Tula(56) recuperó definitivamente la libertad, luego de haber cumplido los dos tercios de la condena (6 años) como partícipe secundario del crimen de María Soledad. Cuando ocurrió el asesinato, estaba casado en secreto con Ruth Salazar y mantenía una relación a escondidas con María Soledad por lo que se lo acusó de haberla engañado y entregado a sus violadores, entre los que estaba Guillermo Luque.

Tula aprovechó para comenzar a estudiar Derecho y en noviembre del 2009 juró como abogado en el foro local, después de haberse graduado en la Universidad de La Rioja: “Yo nunca me preocupé por estudiar, mi único contacto con las letras tenían que ver los suplementos deportivos de los diarios y la revista El Gráfico. Pero cuando caí preso, me comencé a preocupar por lo que me podía pasar y empecé a leer el Código Penal y fue ahí cuando emergió la vocación de abogado”.

Según dice, está muy feliz ejerciendo su profesión de abogado y que después de haberse separado de Ruth Salazar formó pareja con una joven mendocina con la que convive y que además es padre de dos hijos.

Hoy, sólo cuando los turistas preguntan por el asesinato de aquella chica que conmovió a un país entero, algún memorioso se atreve a contar lo que sucedió.

El único vestigio que logró sobrevivir es el monolito, que se erige como un símbolo icónico de aquella época, que recuerda el lugar donde apareció el cuerpo de la joven desfigurado y comidos por las alimañas.

Una foto de hace unos años atrás: Ada y Elías Morales en el monolito que se erigió en el lugar donde fue encontrado el cuerpo de la joven