El capitán de la Selección considera que su contrato ha finalizado y, como ya solicitó marcharse del club libre, no acudirá ni a las pruebas médicas el próximo domingo, ni al arranque de los entrenamientos el lunes bajo las órdenes del nuevo DT, Ronald Koeman, el lunes, adelantó radio Rac1 y confirmaron otros medios catalanes.

Messi está convocado este domingo a partir de las 8 am (3 am de Argentina) en la Ciudad Deportiva del Barça, en Sant Joan Despí, para las pruebas médicas junto con el resto de los jugadores del plantel a los que Koeman comunicó que formarán parte de su proyecto, entre los que no están el uruguayo Luis Suárez, Ivan Rakitic, Arturo Vidal y Samuel Umtiti.

De concretarse este movimiento, Lionel Messi deja bien claro cuál es su firme voluntad y vuelve a tensionar la cuerda con la cúpula directiva de la entidad, con la que quiere negociar una salida pacífica mientras resuenan tambores de guerra.

Este cambio en la trama sucede después de que el presidente del club, Josep Maria Bartomeu, dejara claro que no estaba dispuesto a negociar un traspaso por Messi y se remitiese una vez más a su cláusula de rescisión de 700 millones de euros si algún club pretendía hacerse con sus servicios. De todas maneras, el jugador sigue abogando por encontrar una salida amistosa del club de su vida. De momento, ni Messi ni Bartomeu han hablado públicamente sobre el asunto, aunque se espera que el primero lo haga próximamente.

A la expectativa en torno a la reaparición pública de Messi, se suma la ansiedad por saber si el astro se reunió en las últimas horas con el que puede ser su futuro entrenador, el DT del Manchester City inglés, el catalán Josep Guardiola, al que anoche se lo vio en un restaurante de la ciudad condal.

Cuatro días después del primer fax rupturista con el que provocó un terremoto en Barcelona, con repercusiones en todo el mundo, Messi parecía haber pasado a un estrategia más conciliadora en busca de que la directiva del club acceda a pactar su marcha tras dos décadas de una relación que no quiere acabar con una batalla legal. Pero no.

Por el momento, los directivos del Barça no acceden a otra cosa que no sea mantener el vínculo y remiten a su prácticamente impagable cláusula de 700 millones de euros para dejarlo marchar, dando de baja rápidamente el ofrecimiento desesperado de renuncia de Bartomeu si el rosarino continuaba su vínculo con el club.

Messi confía en en que terminara forzando a la cúpula del Barça a negociar su salida, aunque también podría irse con el «transfer» de la FIFA, si bien el club de destino se arriesgaría a un pleito legal multimillonario con el club catalán, del cual el argentino se marcharía de la peor manera posible.

Actualmente la brecha entre Messi y la directiva del club se mantiene intacta, y a poco más de un día de que comience la pretemporada, el flamante DT, el neerlandés Ronald Koeman, quiere reunirse personalmente con el histórico goleador del club para confirmar si su decisión es irreversible.

El lunes comienzan los entrenamientos, de ahí que todos necesitan reconducir la situación hacia un clima sin hostilidad. Es probable que es mismo día Bartomeu finalmente mantenga una reunión con Jorge Messi, padre y representante del capitán argentino.

Por su parte, Koeman, quien se supo este sábado que contará con Albert Roca -el preparador físico de la época de Rijkaard-, mantuvo otra reunión con el secretario técnico, Ramón Planes, para delinear el futuro del plantel, teniendo muy en cuenta la variable Messi, cuyo futuro parece estará cada vez más lejos del Camp Nou.

Con contenido de Rac1, Catalunya