El mundo del boxeo argentino despide a uno de sus símbolos: Juan Domingo Martillo Roldán murió en las últimas horas en Córdoba luego de pasar sus últimos días internado tras ser diagnosticado con coronavirus.

El emblemático pugilista, que realizó dos históricas peleas ante Marvin Hagler y Thomas Hearns, tenía 63 años.

Murió Martillo Roldán, leyenda del boxeo argentino

Hace una semana, su familia había informado que Martillo debió ser ingresado en la terapia intensiva del hospital José Bernardo Iturraspe de San Francisco a raíz de una “insuficiencia respiratoria” que estaba directamente asociada a la “neumonía bilateral” que se le diagnosticó tras contraer covid-19.

Roldán nació en la localidad cordobesa de Freyre y fue parte de una época dorada del boxeo argentino. Peleó tres veces por el título mundial de la categoría mediano y se retiró de los cuadriláteros con un récord de 67 victorias, 47 de ellas por nocaut (además tuvo cinco derrotas, dos empates y un combate sin decisión).

La etapa profesional fue luminosa y ascendente. De tal manera que el periodista Gregorio Goyo Martínez del diario La Voz de San Justo de San Francisco (Córdoba) lo bautizó Martillo, tal la potencia de su pegada. En esas primeras 27 peleas lo dirigió Don Gregorio Yost hasta que en el gimnasio de Amílcar Brusa pasó a las manos de su ayudante Guillermo Gordillo. Fue así que Martillo puso en marcha su sueño de héroe. Después de ganar los títulos argentino y sudamericano de peso mediano, Tito Lectoure, el promotor del Luna Park, lo convirtió en su propia causa –ya alejado del grupo Brusa– pues construir la campaña de Martillo y conducirlo hasta hacerle disputar el título mundial era como tener a su propio Monzón quien se había retirado con gloria hacia cuatro años.

Murió Martillo Roldán: un hombre orgulloso de sus raíces, el campo y noches  de KO espectaculares - LA NACION

No hubo llegada triunfal a Freyre, ni carro de bomberos; no hubo cinturón para lucir ni vecinos para abrazar. Por suerte quedaron más noches en el restaurante de los Priotti donde celebrar la vida con salame casero color rubí, ravioles humeantes y manuales acompañados por un vino de amistoso sabor. Pero las inversiones continuaron y aunque la confianza en algún depositario haya sido defraudada, algunos bienes quedaron y el boxeo siguió.

Murió Martillo Roldán, una leyenda del boxeo argentino - Mendoza Post

Nunca olvidaré la furia de Tito Lectoure después del combate. Todos –Monzón incluido– aprobaron la esforzada faena de Roldán, menos él. El promotor Bob Arum lo felicitó y le prometió una nueva pelea por el título: “Tu muchacho peleó fantástico, es la primera vez que el público se le dio vuelta a Hagler”, le decía. Lejos de aceptarlo, Tito siguió insultando por lo bajo y ya de regreso a la suite 3130 del Hotel Riviera le pegó un puñetazo a la puerta de un baño químico a la que traspasó con su puño derecho lleno de ira. Rodeado por reporteros internacionales que habían tomado fotos de la puerta perforada, Lectoure insistió con sus maldiciones en la habitación con tanta mala suerte que al intentar traspasar la pared de durlock para el show fotográfico su mano se estrelló contra la única viga de cemento que había en la habitación. De hecho terminamos junto a él y al doctor Roberto Paladino en el University Medical Center de Las Vegas a las 3 de la mañana con una fractura de escafoides y un yeso que lo habría de acompañar por los 60 días siguientes.

Hubo que recomenzar todo nuevamente con Martillo y tres años después, superando a grandes rivales como André Mongelema, Hugo Pastor Corro y James Kitchen, se venía otro monstruo: Tommy Hearns por la corona de la WBA en el Hilton de Las Vegas, (29-10-87) y por 500.000 dólares de bolsa.

Sigo recordando perfectamente todo lo anterior a aquella pelea. Nunca un boxeador estuvo tanto tiempo analizando a un rival como Roldán respecto de Hearns. Nos pasamos tardes enteras en la habitación 302 del Hilton estudiando cada movimiento. Los videos hacia atrás y hacia adelante. Aparecían allí grandes rivales de Hearns como Pipino Cuevas, Wilfredo Benitez, Ray Sugar Leonard, Marvin Hagler, Mano de Piedra Durán… Una y otra vez. Y las instrucciones fueron: “Hagamos una pelea larga, cuanto más se prolongue mejor porque él va de mas a menos y debemos invertir nuestra lógica e ir de menos a más, sin atacarlo, sin presionarlo de entrada ni gastar energías; cada partida de zurda debe tener un rédito, si contragolpeamos es para castigar en las zonas blandas y quitarle piernas, si contratacamos es para descargar dos golpes, uno recto o jab y otro cruzado, dejarlo venir, salir enseguida sin prenderse ni darle distancia; después del 5° aceleramos y después del 8° atacamos, abrimos con la izquierda extendida y mandamos el derechazo cruzado si tenemos espacio, de lo contrario repetimos la izquierda y salimos ¿entendiste?”.

El sí de Roldán no era un sí entusiasta, ni enfático. Me pareció que lo aburría o que estaba ausente, con la cabeza en otro lado. Con el tiempo, mucho después, supe que estaba en otra cosa ya que antes de viajar se había separado y la despedida con su primera esposa fue traumática: “Acordate de mí porque le voy a pedir a la Virgen que pierdas…”, le dijo.

Subió sin convicción. En realidad de haber podido se hubiese ido sin pelear. Tan pronto comenzó el match hizo todo lo contrario a lo indicado: salió a pelearle desenfrenadamente, cayó dos veces en la vuelta inicial, una en la 2° y en el 4° metió enceguecido un cross de derecha que hizo zapatear a Hearns hasta tenerlo sentido, a un golpe del nocaut. En lugar de buscar espacio para obligarlo a caminar como se le había indicado se prendió tomando riesgos innecesarios y recibió el gancho que lo sacó de la pelea, de ese infierno y de tan temido momento. Al llegar a su camarín, llorando me confesó: “Se terminó la vida para mí”. Y no era porque había decidido colgar los guantes, era otra pena aquella que lo agobiaba, la misma que lo impulsó a rifar la pelea contra Hearns pues su corazón y su mente también habían perdido por nocaut.

El final de la campaña fue contra Michael Nunn en el Hilton de Las Vegas, otro campeón mundial contra quien Martillo consiguió el alivio final de no boxear más a cambio de 100.000 dólares.