Si bien este viernes se cumplieron 50 días de aislamiento obligatorio en nuestro país, los chicos en edad escolar no salen de casa desde el 15 de marzo, cuando se anunció la suspensión de clases.

En un primer momento solo serían 15 días, pero pasaron a ser semanas,  y con un futuro que aún no está definido.

Profesionales admiten que cuando todo esto termine, el mundo no será lo que era a mediados de marzo. Y si a los adultos nos afecta, ¿qué está pasando por la cabeza de los niños y adolescentes?

Las plazas están cerradas, sus amigos y compañeros confinados al igual que ellos y sus padres han extremado las medidas de seguridad e higiene al salir y -mucho más- al volver al hogar.

Sin dudas, la salud física es importante, pero también la estabilidad emocional y la salud mental de todos es un tema central.

Un estudio sobre estudiantes chinos abrió el debate con respecto a este punto. Uno de cada cinco menores de la provincia de Hubei presentaba síntomas depresivos o de ansiedad tras un mes de encierro en su domicilio. En Wuhan, epicentro de la pandemia, el dato crecía hasta el 26%.

Este estudio, realizado por las universidades de Huazhong (China) y de Carolina del Sur (Estados Unidos), contó con la participación de 1800 estudiantes preadolescentes de la provincia de Hubei, de las ciudades de Wuhan y Huangshi, situada a 100 kilómetros de la capital. Los resultados, publicados en la revista JAMA Pediatrics, indican que el 22,6% de los estudiantes mostraron tener síntomas depresivos, más de cinco puntos por encima que en otras investigaciones en las escuelas primarias de China.

El escenario ha cambiado para nuestros menores. Algunos ya no ven a sus abuelos, a sus primos o incluso a sus vecinos, y no cuentan con la socialización que se produce en la conocida como «segunda casa», el espacio físico de la escuela y todo lo que eso conlleva.

«Los niños no han estado exentos de la incertidumbre, de las situaciones de angustia y tristeza», aseguró a Canal 8 la directora de Niñez y Adolescencia de Tunuyán, Guadalupe Navarro.

Pero…¿qué hacer si mi hijo llora, hace berrinche o se enoja de la nada?

«También ellos lo van manifestando y es importante acompañarlos de cerca y escucharlos, tener en cuenta sus opiniones, lo que ellos sienten. Lo más saludable es ponerle palabras a lo que nos está pasando», indicó Navarro.

Desde el comienzo de la cuarentena total, niños y grandes aprendieron juntos sobre la importancia de cuidarse y tenerle respeto a la pandemia.

Pero a esta instancia, y con medidas que aún no están definidas (se espera que en las próximas horas el Gobernador Suárez informe qué pasará con las salidas de los niños), la profesional recomienda que sean los padres los que den la información necesaria a sus hijos y no los medios de comunicación.»Lo fundamental es la palabra directa, sobre todo de los seres queridos que nos rodean. Lo más importante es que los adultos se puedan sentar a charlar, ya que mucha información no es buena porque hay que ordenar lo que nos va llegando», indicó.

Y sostuvo: «Los medios de comunicación alarman demás en algunos casos y no es la información necesaria que tengan que recibir. Los niños conocen lo que está sucediendo y la escuela ha hecho un trabajo muy importante en ese sentido».

En este año tan atípico para todos,  el diálogo, el apoyo y la paciencia son primordiales a la hora de la relación con nuestros hijos. El futuro de la educación en las aulas es -por el momento- incierto y si bien, el encierro no afecta a todos por igual, es central que los padres puedan afianzar aún más, el vínculo con niños y adolescentes.

*Para denunciar maltrato infantil, comunicarse a la línea gratuita 102.

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here