La medida se convierte en otro papelón argentino. Mientras otros países conservan elementos similares en lugares de honor, los argentinos asistimos a otra humillación nacional.

Iba a ser convertido en buque museo, pero por falta de mantenimiento quedó semi hundido durante la gestión de Cristina Kirchner en un muelle de la base naval de Puerto Belgrano.

Mediante la publicación en el Boletín Oficial del Decreto 1017/20, Alberto Fernández, en su carácter de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, dispuso la venta definitiva de la nave desde cuyas cubiertas se ordenó el desembarco en Puerto Argentino el 2 de abril de 1982, lo que dio origen a la guerra por las Islas Malvinas con Gran Bretaña.

La medida que generó malestar entre ex tripulantes y veteranos de guerra se fundamenta, entre otras cosas, en que “en su actual condición, carece de las elementales capacidades náuticas de estanqueidad y estabilidad por lo que carece de sentido continuar manteniéndolo a flote y concretar su hundimiento con honores (blanco de tiro) tal como había dispuesto el Jefe de la Armada mediante resolución 138/17 confidencial”.

Los marinos consultados reconocieron que mantenían esperanzas de mantenerlo de alguna manera a flote, aunque reconocen que la idea de convertirlo en museo flotante quedó desdibujada luego del naufragio que la nave sufriera en 2014.

El destructor tipo 42 “Santísima Trinidad” fue construido en el astillero nacional Río Santiago. Fue botado el 12 de noviembre 1974 y entró en servicio efectivo en marzo de 1980. Su desplazamiento es de 4.820 toneladas, con una eslora de 125 metros y una manga de 14 metros. Por diseño contaba con capacidad para lanzar misiles y contaba con cañones de 115 mm y de 20 mm. Además, poseía capacidad de lanzamiento de hasta seis torpedos. La propulsión estaba compuesta por dos turbinas a gas Rolls Royce Olimpus TM38 y dos Tyne RM 1A. Podía desarrollar hasta 30 nudos a máxima velocidad (54 kilómetros por hora).

El destructor ARA Santísima Trinidad

A media mañana del 28 de marzo de 1982, la unidad naval ARA Santísima Trinidad (D 2) recibió la orden de zarpada con la presencia a bordo del “Comandante del Teatro de Operaciones Malvinas”, cargo que ocupaba el por entonces general de división Osvaldo García, y además al máximo oficial naval en operaciones Contraalmirante Walter Allara. La presencia de los altos oficiales en el buque implicaba que la nave recibiría el trato de “Nave Almirante”, es decir, la embarcación desde la cual se comandaría toda la operación.

Al mando del capitán de fragata José Luis Tejo (hoy contraalmirante retirado), el “Santísima Trinidad” era parte del grupo de tareas que tenía por objetivo apoderarse del control del cuartel de los Royal Marines, afianzar el dominio sobre Puerto Argentino y obtener la rendición del gobernador Rex Hunt. Completaban el grupo de tareas el buque de desembarco ARA Cabo San Antonio, el destructor Hércules, las corbetas Granville y Drummond entre otros.

A modo de avanzada, durante la jornada previa al gran desembarco, varios botes zarparon desde el Santísima Trinidad trasladando a comandos anfibios a tierra firme para cumplir diversas tareas previas al asalto final. Minutos después de las seis de la mañana, partieron desde el Cabo San Antonio. Minutos después, a las siete, se solicitaba a la población civil rendirse sin oponer resistencia. La recuperación del territorio había comenzado.

Luego de culminada la llamada “Operación Rosario”, la nave continuó afectada a operaciones en TOAS siendo replegada a aguas poco profundas para evitar el ataque de submarinos británicos. Y una vez finalizada la guerra, formó parte integral de la flota de mar de la Armada Argentina hasta 1989, momento en el que fue pasada a “reserva” y comenzó a ser utilizada como proveedor de repuestos de su gemelo el ARA Hércules, dado que por el embargo a la compra de armas y repuestos militares impuesto a la Argentina por parte de Gran Bretaña (que sigue vigente), no es posible para el país adquirir elementales piezas para que algunas de sus naves sigan navegando.

En 2004 bajo la presidencia de Néstor Kirchner el buque fue definitivamente dado de baja como unidad militar y se dispuso que fuera afectado a la conformación de un museo temático sobre la guerra de Malvinas que sería emplazado en el puerto de Rosario. La idea rápidamente generó adhesiones, pero también un sordo rechazo de las autoridades comunales de la ciudad santafesina, que no veían con agrado la presencia de un buque militar en el puerto local.

En medio de las gestiones, en enero de 2013, producto de la falta de atención por parte de quienes lo tenían a su cargo, el Santísima Trinidad se hundió estando amarrado a uno de los muelles de la base naval de Puerto Belgrano. El entonces ministro de Defensa Arturo Puricelli denunció públicamente la realización de un atentado con ribetes políticos, pero la investigación posterior realizada por la propia Armada dejó en claro que todo fue producto de una avería en la sala de máquinas de la embarcación que había provocado una lenta pero continua entrada de agua. Las investigaciones determinaron en principio la desafectación de dos altos jefes navales, el contraalmirante Alberto García Grigioni y el capitán de navío Lorenzo Veccia.

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