El presidente Alberto Fernández habló de inflación, pero no presentó un plan. Solo mencionó el intento de control del precio del trigo y sus derivados y medidas ya usadas. Pero mencionó un término clave: expectativas. Justamente ese es uno de los ejes del problema.

El presidente Alberto Fernández no presentó un plan anti inflación, sino que habló del tema; sociabilizó el problema y la búsqueda de soluciones y hubo un término clave que sirve para entender lo que pasa y por qué sus propias palabras tienen encima un manto de duda. Alberto habló de «expectativa». Se trata de un eje clave en la economía y donde se concentran gran parte de los yerros políticos del presidente y sus antecesores: no hay buenas expectativas ni confianza.

El presidente había generado, en el mismo sentido, una extraña expectativa al mencionar que hoy comenzaba «la guerra» contra la inflación. Una declaración bélica curiosa, porque era con retardo. Tanto, que generó un efecto cómico, antes que económico. Alberto amenguó el tenor de esas palabras y ahora habla de batalla. No hubo anuncios concretos, salvo la creación de un fondo de estabilización del precio del trigo, a principal materia prima a cuidar en cuanto a su precio interno. El resto conocido: control de precios (aunque esta vez sin convocatoria militante), ley de abastecimiento y búsqueda de acuerdos sectoriales. Según el presidente, serán convocados actores relevantes de la cadena productiva y de la sociedad civil para ser parte de la «batalla» contra los especuladores, según sus propias palabras.

No mencionó en esa convocatoria a la oposición política, que menos de 24 horas atrás salvó a su Gobierno de entrar en default. Sí hubo un reconocimiento a la oposición que aprobó el acuerdo con el FMI. «Llegamos a esta ley con el consenso de legisladores de distintas fuerzas políticas que lograron encontrar los puntos de acuerdo para responder con responsabilidad democrática a una situación que así lo requería», dijo.

Y agregó: «El acuerdo obtuvo una abrumadora mayoría en las dos cámaras del Congreso. Pero llegamos hasta aquí también con el consenso y apoyo de gobernadores y gobernadores, empresarios, sindicatos, organizaciones sociales y dirigentes de muchos sectores que comprendieron la gravedad del momento y unieron su esfuerzo para hacerlo posible».

Lo que no mencionó es que tuvo el rechazo del sector más poderoso del Frente de Todos y que aún es parte de su gobierno; el kirchnerismo duro con Cristina Fernández de Kirchner a la cabeza. Alberto puso en valor el acuerdo con el FMI como condición ineludible para cualquier otra cosa. 

Ahora, de la declaración «de guerra» del miércoles a los hechos, hubo, nuevamente, más expectativa que realidad. «Hemos visto paquetes, planes, grandes anuncios. También los vimos fracasar una y otra vez», dijo Alberto. Por las dudas, él no anunció ninguno.Ese maldito destinoEl discurso de Alberto tiene una estructura sui generis. Tiene paráfrasis, pero no núcleo; eje conceptual. Está plagado de frases hechas, pero sin definiciones agudas. Con esa estrategia, esquivó cualquier responsabilidad propia en la falta de pericia para controlar la inflación. Por eso recurrió a que es un fenómeno «recurrente», un «callejón» y, lo mejor, una maldición. Nada mejor para exculparse que tener alguna figura mágica para cargarle responsabilidades. Más allá de que en el recorrido histórico es real que la inflación es el gran problema económico argentino, no es cosa de magia negra. La otra estrategia es «socializar las culpas». «Es un problema de todos, que tenemos que resolver entre todos», aseguró; sin distinguir el grado de responsabilidad que le toca como jefe del Gobierno. «Hemos visto paquetes, planes», sentenció. 

En cuanto a las definiciones macroeconómicas, el presidente no ahondó en detalles. Hizo foco en que el acuerdo con el FMI permitirá tener más previsibilidad y que, por ejemplo, podrá regularse la emisión monetaria gracias al aporte del propio Fondo. 

El discurso «marco» de Alberto Fernández será completado por los ministros mañana. Justamente, antes del discurso hubo reuniones diversas en Casa Rosada para delinear el plan de acción. Alberto hizo una breve aclaración y autocrítica acerca de la permanencia del problema, antes de que el contexto internacional lo agrave; pero cargó gran parte de «lo que viene» a la guerra y sus consecuencias. Vale aclarar: no a la «guerra virtual» contra la inflación que anunció el miércoles y sobre la que bajó banderas hoy, sino a la guerra real generada por la invasión de Rusia a Ucrania. 

Sin definiciones contundentes acerca de «qué hacer», ahora se esperan detalles y qué grado de profundidad tendrá la convocatoria. «Dialogaré con cada gobernador y gobernadora y con todos los intendentes para que las medidas que adoptemos lleguen a cada rincón de la Argentina. Necesitamos luchadores contra la especulación y la inflación en cada comercio», arengó.

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