El Papa Francisco habló en la misa que celebró hoy, como siempre sin fieles, en el primer domingo después de Pascua, Fiesta de la Divina Misericordia, en la Iglesia de Santo Spritio in Sassia, muy cerca del Vaticano y que es su santuario en Roma.

Jorge Bergoglio hizo hoy un fuerte llamado a pensar en este momento en los más pobres, al recordar que “la misericordia no abandona a quien se queda atrás“. “Ahora, mientras pensamos en una lenta y ardua recuperación de la pandemia, se insinúa justamente este peligro: olvidar al que se quedó atrás. El riesgo es que nos golpee un virus todavía peor, el del egoísmo indiferente, que se transmite al pensar que la vida mejora si me va mejor a mí, que todo irá bien si me va bien a mí. Se parte de esa idea y se sigue hasta llegar a seleccionar a las personas, descartar a los pobres e inmolar en el altar del progreso al que se queda atrás”, advirtió.

Y cada uno podría decir: “Son problemas complejos, no me toca a mí ocuparme de los necesitados, son otros los que tienen que hacerse cargo”

Pero esta pandemia nos recuerda que no hay diferencias ni fronteras entre los que sufren: todos somos frágiles, iguales y valiosos. Que lo que está pasando nos sacuda por dentro. Es tiempo de eliminar las desigualdades, de reparar la injusticia que mina de raíz la salud de toda la humanidad”, pidió. “No es ideología, es cristianismo”, dijo Francisco.

No pensemos sólo en nuestros intereses, en intereses particulares. Aprovechemos esta prueba como una oportunidad para preparar el mañana de todos. Porque sin una visión de conjunto nadie tendrá futuro. Hoy, el amor desarmado y desarmante de Jesús resucita el corazón del discípulo. Que también nosotros, como el apóstol Tomás, acojamos la misericordia, salvación del mundo, y seamos misericordiosos con el que es más débil”, exhortó. “Sólo así reconstruiremos un mundo nuevo“, aseguró.

Durante la celebración, oró para que “la Iglesia se vuelva un instrumento concreto de misericordia para miles de personas agobiadas por la presente pandemia“. Además, para que los políticos y gobernantes “orienten sus decisiones según el espíritu de solidaridad y ayuda recíproca, sin egoísmos o cierres sociales“; para que los sacerdotes “administren con corazón misericordioso el sacramento de la reconciliación y para que en este período de forzada soledad ofrezcan con cualquier medio perdón y consuelo“.

Pidió asimismo por los operadores sanitarios que asisten con generosidad a los enfermos de coronavirus y por los voluntarios que ayudan a ancianos, marginados, desocupados y demás personas solas y en dificultad debido la crisis económica provocada por la pandemia.

 

Fuente: Elisabetta Pique/Vaticano News