Según publicó The Independent, dos vacunas que están en proceso de prueba en cientos de miles de ciudadanos han demostrado no generar efectos secundarios, y establecer inmunidad de hasta tres años.

Ambas, estarían disponibles a finales de este 2020.

Los proyectos en cuestión pertenecen al Grupo Nacional de Biotecnología de China (CNBG), una filial de Sinopharm que desarrolla dos de las cuatro vacunas chinas que actualmente están en la fase 3 de pruebas clínicas.

Según un responsable de una firma de biotecnología china, así son las dos vacunas experimentales contra el coronavirus que han ensayado hasta la fecha en “cientos de miles” de chinos, de los que ni uno solo de ellos se habría contagiado con el virus. Palabras que animan la carrera mundial por hacerse con el primer antídoto contra el Covid.

De acuerdo con uno de sus directivos, Zhou Song, sus inyecciones son las más empleadas por un programa autorizado por Beijing a finales de julio para permitir el uso de vacunas de emergencia todavía no aprobadas en grupos de alto riesgo, tales como sanitarios, agentes fronterizos, tripulantes de vuelo o empleados que desarrollen su labor en el extranjero.

“Se ha vacunado a cientos de miles (de personas) y ninguno ha mostrado ningún efecto adverso evidente ni se ha contagiado”, aseguró Zhou durante una entrevista con la emisora estatal Radio Nacional.

En su intervención, añadió que con los resultados obtenidos hasta la fecha “no hay duda de que la inmunidad puede durar entre uno y tres años”. Esto, aclaró, haría innecesario organizar campañas de vacunación anuales contra el SARS-CoV-2 similares a las que hay con la gripe, ya que el virus no está mutando tanto como para que su vacuna tuviera problemas para hacerlo frente.

La compañía, que está experimentando las pruebas de la fase 3 en países como Marruecos, Jordania, Bahréin, Perú o Argentina, parece tener grandes expectativas de futuro.

Así lo demuestra la construcción de dos nuevos centros en Beijing y Wuhan –donde el virus apareció por primera vez–, con los que pretende ampliar su capacidad de producción anual del posible antídoto de los 220 millones de dosis actuales hasta los entre 800 y 1.000 millones.

Por su parte, las otras dos posibles vacunas chinas también parecen avanzar a buen ritmo, y esperan que la aprobación para su comercialización llegue pronto.

Una de ellas, Sinovac, sigue desarrollando las pruebas de la fase tres en Brasil e Indonesia, mientras que ha completado la construcción de una fábrica capaz de producir 300 millones de dosis al año, y afirma que su antídoto es apto para ancianos.

La cuarta en carrera, obra de la firma CanSino y la Academia Militar de Medicina, asegura que su remedio protege contra todas las mutaciones del coronavirus, y en verano recibió autorización para participar en un plan de vacunación con personal del ejército.

Con el ojo puesto en las ventas, tanto Sinovac como Sinopharm participan estos días en una feria comercial en Beijing, exhiben sus vacunas y compiten por atraer la atención de los posibles compradores.

Contamos con la propiedad intelectual de todos los elementos, por lo que desarrollamos la vacuna por nuestra cuenta. No dependemos de otros, y podemos ofrecer precios más bajos, aseguró Chen Wei, especialista de la Academia China de Ingeniería.

 

Con contenido de The Indepent y Ismael Arana, corresponsal en Hong Kong de La Vanguardia